Las Bitácoras de lengua castellana tienen carácter educativo. Significan una ventana abierta de las actividades que se realizan en la asignatura, un modo de aprendizaje de la lengua y la inmersión en las nuevas tecnologías de la información. Por todo esto hemos de procurar UTILIZARLAS DE FORMA CORRECTA Y RESPETUOSA.

Se han de perdonar las faltas ortográficas y otras de expresión. Estamos aprendiendo y, por tanto, podemos equivocarnos. Los profesores van corrigiendo, pero a veces hay tantas publicaciones que no pueden seguir el ritmo de los alumnos.

jueves, 1 de noviembre de 2012

SENSACIONES


A mi me gustaría poder analizar una serie de sensaciones de dos partes "clave del relato": la llegada y la partida de Andrea. 

La novela empieza con la llegada de nuestra protagonista, a Barcelona. Solamente empezar la historia, la autora hace uso de las sensaciones que acompañan a Andrea en ese instante. Es importante remarcar que la muchacha, por razones no especificadas en el libro, tuvo ciertas dificultades para adquirir los billetes del tren, así que llegó a medianoche y sin nadie que la esperara en la estación.
Podemos interpretar la intención de que llegara por la noche, cuando todo es oscuro, tenebroso, poco agradable... como anticipo a la vida de pesadilla que estaba a punto de adentrarse. 

Cuando llegamos a Barcelona, sea cual sea el medio de transporte que hemos utilizado, las sensaciones de exaltación, libertad, respeto, ganas, nerviosismo por ver lo que se te presenta... nos acechan, y teniendo en cuanta que nosotros la frecuentamos. Poniéndonos en "la piel" de la protagonista, teniendo en cuenta que llegó de noche y era la primera vez que pisaba el suelo de la capital catalana, las sensaciones tendrían que ser distintas, aunque no es el caso. Esto demuestra que nuestra protagonista  es diferente al resto, y tiene una personalidad propia: "No estaba asustada, me parecía una aventura agradable y excitante" "Con una sonrisa de asombro miraba la Estación de Francia".

Por lo tanto, Andrea llega llena de ilusión, con ganas de aprender y ver, entusiasmada por la situación... hasta que llega a vislumbrar la fila de balcones de la casa de la calle Aribau.
Aquí el cúmulo de sensaciones va a cambiar completamente en el momento que pise la escalera que lleva a al piso. Al subir la escalera, Andrea cambiará su excitación por extrañeza, y al llegar al piso empezará la pesadilla durante un año.

Realmente me causó verdadero impacto el papel que tiene Andrea en la obra. No solo me desagradaron sus familiares y sus actitudes, sino cómo lo vive, cómo lo siente. Me he preguntado en más de una ocasión por qué alguien tiene que pasar por su situación.

Vayamos al final de la obra. Andrea volverá a repetir la mirada hacia la casa después de bajar las escaleras, y las sensaciones que la acompañan recuerdan a las del inicio, pero son producidas por diferentes hechos. Veamos el fragmento donde lo explica: "Bajé las escaleras, despacio. Sentía una viva emoción. Recordaba la simple esperanza, el anhelo de vida con que las había subido por primera vez."  Andrea recuerda el día que pisó por primera vez aquellas escaleras con cierta sensación de ironía y  nostalgia.

Me gustaría poder comentar un fragmento que marca el final de la obra: "Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle Aribau no me llevaba nada. Al menos, así creía yo entonces."

Nada
Es un sentimiento muy intenso y de impotencia el que me produce leer estas cuatro líneas perfectamente escritas y sin excedentes. La palabra "nada" marca el centro, da la totalidad importancia al fragmento.

Yo no creo que Andrea se fuese con una sensación de no llevarse nada, porqué cada una de las vivencias, comidas, personas, clases, exámenes, lugares, olores que ha vivido, sentido, oído con cada uno de los sentidos, puede considerarse "algo".
Quizá Carmen Laforet no quería referirse al sentido íntegro de la palabra, porqué nada es un sentimiento muy duro, una sensación de vacío, es mucho en nada.
Quizá no se llevó nada de lo que esperaba el primer día que llegó, quizá nada de lo que le gustaría haber vivido, nada de lo que quiera acordarse en un futuro, pero nada de nada es mucho demasiado, implica mucho.

Aquí quiero hacer referencia al romance de Juan Ramón Jiménez que da comienzo a la obra. Es tal el sentimiento que me produce que no quiero pasarlo por alto:

"A veces un gusto amargo,
Un olor malo, una rara
Luz, un tono desagradable,
Un contacto que desgana,
Como realidades fijas
Nuestros sentidos alcanzan
Y nos parece que son
La verdad no sospechada."

En estos ocho versos hallamos el lema de la obra. Referente a lo anterior, Juan Ramón explica o quiere dar lugar a entender que esas pequeñas cosas que a veces no tienen sentido alguno para ciertas personas, pueden significar mucho y traer recuerdos importantes que habías olvidado o simplemente no dabas importancia.

Creo que esto es lo que le sucedería a Andrea (hablando como si existiera...) cuando un olor le recordara a las comidas de Antonia, un grito a las peleas entre Juan y Gloria, un gusto a los cigarrillos de Román o una simple sonrisa a la alegría y vitalidad de Ena.

Creo que Andrea se lleva consigo mucho más que nada. 

Alex Roig

No hay comentarios: