¡Ya es Navidad! Me despertó mi padre. Hacía ya un año desde esa terrible noche en la casa de invierno de Mario, un año en el que yo no olvidé ni por un minuto la promesa que me hice de vengar a Carlota.
Ese año había estado trabajando como profesora en la academia en la que aprendí. Mi padre estaba orgulloso de mi porque sabía que eso me hacía feliz y cada vez conseguía más responsabilidades e iba aprendiendo la nueva profesión.
Ese año le cogí mucha confianza a mi padre, le conté todo lo que pasó con Mario y César y me aconsejó decírselo a mi madre y su marido y pensar entre todos una solución.
El marido de mi madre me dijo que era muy complicado demostrar delante de un juez todo lo que Cesar había hecho, y corrió el rumor de que a Cesar el tema de Mario le volvió loco. Fue fácil porque César se volvió loco de verdad desde que tuvo en su mano ese libro de baile que tanto deseaba, confirmando así el rumor que se extendió sobre él y su pasado.
No es la venganza que yo esperaba pero sabía que esto para César era mucho peor que encerrarlo en prisión, porque si se demostró que él inventó esas coreografías, pero eso no le sirvió de nada.