Los alumnos de la promoción 2008-2014 expusieron en este espacio sus trabajos. Ahora, terminan el Instituto y siguen su camino. El blog se cierra pero queda como testimonio de su aprendizaje. ¡Feliz camino!
Las Bitácoras de lengua castellana tienen carácter educativo. Significan una ventana abierta de las actividades que se realizan en la asignatura, un modo de aprendizaje de la lengua y la inmersión en las nuevas tecnologías de la información. Por todo esto hemos de procurar UTILIZARLAS DE FORMA CORRECTA Y RESPETUOSA.
Se han de perdonar las faltas ortográficas y otras de expresión. Estamos aprendiendo y, por tanto, podemos equivocarnos. Los profesores van corrigiendo, pero a veces hay tantas publicaciones que no pueden seguir el ritmo de los alumnos.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Lenyenda Inventada
Leyenda
Personajes: Gervacio, Señora. Asunción, Don Enrique de zarzuela, Don Ignacio
Ésta es una leyenda que oí y en la cual estuve muy cerca de tener un cierto protagonismo.
En pleno siglo 19 la señorita Asunción era una joven que provenía de una familia con clase social alta. Don Enrique de Zarzuela, su padre, era una persona poderosa.
Cierto día en el palacio de Don Enrique, un tal mendigo cuyo nombre era Gervacio buscaba limosna a cambio de un trabajo el cual es limpiar zapatos. En un momento determinado, la puerta con talante fue abierta por Don Ignacio
-Oh! Buenos días mi señor -dijo Gervacio-.
A lo que responde Don Ignacio,
-Buenos días, que le ha hecho llamar a mi puerta a éste ciudadano tan amable?
-Oh señor, desearía conseguir unas cuantas monedas a cambio de unos zapatos que puliré con todo mi amor –comentó el pobre Gervacio-.
En ése mismo instante, Doña Asunción se asomo por la ventana y gritó
-Oooohhhhh que señor tan elegante y tan apuesto…
Enrique se asomó por el ventanal y comentó:
-Eh! Usted, fuera de mi territorio! E hija, vuélvase para su cuarto mi hija.
Don Gervacio, con todo su respeto retrocedió y se fue hacia otra vivienda. Mientras, Doña Asunción regresó a su habitación pero sentía un cierto cosquilleo en la barriga, estaba enamorada. Sin pensárselo, abrió la ventana y gritó con todo empeño y con toda su alma:
-Gervacio! Cuando te veo siento que me arde al alma! Cuando te miro me pierdo en tu mirada, siento que estoy enamorado de ti ha sido un flechazo… te amo.
Gervacio, se giro y con cara de sorpresa y de emoción susurro fuertemente:
-Oh! Mi señora, cuanto deseaba escuchar ésas palabras tan bonitas que tu corazón hizo sacar a la luz.
Don Enrique, sorprendido cogió su arma y le dijo a Don Ignacio:
-Abra la puerta mi mayordomo.
El joven mayordomo obedeció a su señor. Entonces las puertas se abrieron y entre la luz se vio a Gervacio corriendo junto a su hija, Doña Asunción. El padre chilló:
-Oh mi mayordomo! Mi querida hija se largó con ésa escoria de persona.
Don enrique fue en busca de su caballo y fue tras ellos. El problema es que Don Enrique no sabía que el joven también tenía uno.
Gevacio y Doña Asunción se fueron al bosque del pueblo para estar más tranquilos y para que Don Enrique no les vea. Ellos nos sabían que el padre de la joven iba tras ellos. Llegaron al bosque de noche, se apreciaba la luna llena. Entonces se oyó de fondo:
-Oh! Hija! Que estás haciendo? No puedes estar con ésa escoria!
Doña Asunción, asombrada y sorprendida respondió:
-Oh! Padre… por favor… no hagas nada. Yo amo a éste muchacho y no quiero dejarle marchar…
-Lo siento mi señor, pero amo a su hija! – comentó Gervacio -.
Don Enrique apuntó con la pistola a Gervacio y le amenazó:
-Usted! Dime las razones por las cuales amas a mi hija y pensare una solución alternativa.
Gervacio tenía los ojos llorosos y dijo lloriqueando:
-Oh mi señor, no me hagas nada por favor!
Don Enrique, sorprendido y con empatía dijo:
-Oh, tranquilo muchacho, no te mataré. Ésta vez te dejaré libre pero la próxima no me arrepentiré de ningún acto cometido.
El joven Gervacio se fue triste y le dijo a Asunción:
-Lo siento mi joven amada… no puedo estar contigo, es un amor no correspondido. Adiós.