Las Bitácoras de lengua castellana tienen carácter educativo. Significan una ventana abierta de las actividades que se realizan en la asignatura, un modo de aprendizaje de la lengua y la inmersión en las nuevas tecnologías de la información. Por todo esto hemos de procurar UTILIZARLAS DE FORMA CORRECTA Y RESPETUOSA.

Se han de perdonar las faltas ortográficas y otras de expresión. Estamos aprendiendo y, por tanto, podemos equivocarnos. Los profesores van corrigiendo, pero a veces hay tantas publicaciones que no pueden seguir el ritmo de los alumnos.

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Leyenda

Personajes principales

-Florencia la costurera

-noble Iglés Robin Marshal

Personajes secundarios

Escudero George

Amiga de Florencia Rosa

Mujer del noble doña Maryan

Marqués de Santillana

Os voy a contar una historia que oí en una taberna de un barrio de Barcelona

Hace mucho tiempo en Madrid hubo una historia de amor . Todo empezó cuando, un noble Inglés llamado Robin Marshal, vino a España para firmar un tratado con el marqués de Santillana. Durante su vistita a España fue a pasear por el pueblo para ver cómo era la vida en los alrededores del castillo. Durante su paseo, entro por una calla estrecha y sombría donde vio a la mujer perfecta; era de ojos de color verde oscuro como los prados de los montes tenía el pelo largo y negro como la noche y era de piel pálida como la nieve. Don Robin, fue a preguntarle a esa mujer como se llamaba. Ella contestó: -mi nombre es Florencia. Contestó ella. Don Robin se quedó sin palabras. –el nombre es casi tan bello como tu rostro-dijo Robin.

El problema es que solo estaría un mes en España. Durante ese mes vivieron un amor imposible pero al pasas unos meses después de que Robin se valla, Florencia intento ir a Inglaterra pero murió cuando su caballo se resbalo por un precipicio y murió con una murete horrible.

El fantasma de Florencia, siguió su camino hacia el castillo de don Robin. Donde al llegar vio a don robin, se acercó para decirle que le quería pero antes de que ella llegara, se acerco su mujer. Entonces, Florencia estallo de ira i maldijo a don Robin. Esa noche Florencia se le apareció en sueños a don Robin. El cual se despertó de golpe, entonces, vió al fantasma de Florencia. Esta se le acercó y le digo –me dijiste que me amarías hasta el fin de los tiempos-. A la mañana siguiente, se encontró a don Robin muerto con una nota bordada en la ropa que decía:-Me dijiste que nuestro amor duraría toda la vida.

Esta es la historia que escuche en la posada de Barcelona, no se si es cierto, pero seguramente lo sea.

lunes, 28 de noviembre de 2011

POR SENDAS VACÍAS HABREMOS DE CAMINAR

Dícese en el pueblo de Toledo que no se debe uno fiar de los limosneros. Pobres y desamparados, sí, pero también malvados. La gente habla de ellos, no por su desdicha sino por sus malas costumbres. Os contaré la historia de una adinerada familia que se quedó sin nada de la noche a la mañana.

-Papá, dime que hacen los niños chiquititos para ser como los mayores.-le preguntó Pablo a su padre-.

-¿Por qué quieres ser tú un chico mayor, Pablito? ¡No se puede crecer tan pronto! Todo a su tiempo.-respondió Antonio sabiamente.

Pablo no quedó satisfecho con la respuesta de su padre y se fue a indagar por su nuevo pueblo, Toledo. Su familia se había mudado porque habían comprado tierras allí. El niño no encontraba ningún amiguito con quién jugar y se sentó en una acera a esperar la hora de la comida.
-Hola, ¿quién eres tú? ¿Eres nuevo aquí?-le preguntó un chico que pasaba por allí.

-¡Hola! Sí, soy nuevo. Me llamo Pablo Echevarría y ahora vivo aquí, en esa casa del bosque, pero hace poco vivía en Madrid. Lo que pasa es que mis padres querían venir aquí porque han comprado tierras de cultivo y no encuentro más niños como yo y no sé con quién jugar y me aburro y…

-¡Vale! ¡Vale! ¡Más despacio! ¿Has oído, camarada? ¿Has oído eso?-dijo el otro chico, dibujándosele una sonrisa en los sucios pómulos.

-¡Vaya si lo he oído!-respondió el otro, con gran admiración.

-¿Puedo ser vuestro amigo?-insistía Pablito.

Ignorando al niño, los dos chicos se reunieron y decidieron que esta podría ser una buena presa. Se dirigieron ahora a Pablo más amablemente que antes.

-Chico, no es para uno fácil ser como nosotros, ¿sabes?

-¿Qué es lo que debo hacer? ¡Haré lo que me valga el alma! ¡Yo quiero ser un chico mayor como vosotros!-gritaba el niño.

-¡Hay que ser valiente! Muchas historias tu padre no te ha contado, veo. Historias de valerosos caballeros que por un bosque oscuro y lúgubre van y con el mismísimo diablo se topan. ¡Sí, bien has oído, pequeño! ¡Con el mismísimo diablo! Muerte éste les da a los pobres insensatos; y allí yacen hasta que a mejor vida ascienden. Poco no les costará poco al Cielo llegar, pues allí se pudren poco a poco… Caen sus gotas de sangre de una en una, como el rocío cae de un pétalo de rosa roja-relataba Diego, uno de los limosneros, contemplando con furor la asustada cara del niño.

-¡Bueno ya basta! ¡Basta ya he dicho, Diego! ¿Es que quieres asustar a nuestro amiguito con tus historias?-le frenó el otro.

-Bien, bien, creo que he oído suficiente, ¿me podéis decir que es lo que debo hacer?-preguntó con mucho interés.

Empezaron los dos chicos a explicar, con expresión desinteresada, la prueba que debía Pablo superar para ser tan mayor como ellos. ¿Demostrar querría Pablito su atrevimiento y su valentía?

-De acuerdo, lo haré-. Respondió finalmente el niño, sin pensar en las consecuencias a que la prueba podría llevar.

-¿Oíste mi fiel amigo? ¿Oíste bien esto? ¡Lo hará, lo hará!

-¡Válgame el Cielo! ¡Va a hacerlo! ¡Hurra por el niño! ¡Hurra por Pablito!-farfullaban ambos felizmente.

Se extrañaba Pablito del entusiasmo que mostraban sus nuevos amigos, pero poco esto le importó y la prueba sin titubeos aceptó. Se trataba de demostrar gran valentía con malas acciones. Consistían estas acciones en robar. ¡Oh sí, robar! ¡Robar a tu propio padre! ¿Qué clase de chicos utilizaban a un indefenso niño para un atraco? ¡Seis años tenía Pablito cuando a su padre sin dinero dejó! Y vaya si le dejó sin nada.

Esa noche por un oscuro bosque caminaba el niño empujado por los chicos mayores. Con un rosal de agujas puntiagudas se topó y un trozo de su cara camisa se le quedó enganchado en una zarza del tallo. Sus dos acompañantes de dieron cuenta del agujero de su camisa, pero callados se quedaron para que nunca se supiera que habían sido ellos y, así, poder culpar a Pablo. Llegaron a la casa y el escurridizo y pequeño cuerpo del niño se metió por una rendija de la verja. Cogió todas las joyas, los billetes y las monedas que pudo encontrar y salió por pies.

Terribles es decir poco para los días que vinieron después del robo. No se volvió a saber nada de los limosneros y los Señores Echevarría sin habla se quedaron al saber el mal que su hijo a su vida había traído. Estas palabras pronunciaron al enterarse de la nueva:

Si la voluntad de Dios ha querido que mi hijo siga el mal camino, ¡que así sea! No deseo más que Dios se haya equivocado-. Dijo la Señora Echevarría.

¡Dios no se equivoca, Pilar! ¡Dios no se equivoca! Así ha querido a nuestro hijo crear y así será nuestra vida de ahora en adelante. Por sendas vacías andaremos y en un lecho de paja dormiremos. ¡Y comer! Tan básica y tan inalcanzable será esta necesidad-. Dijo el Señor Echevarría.

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