El tema principal del que voy a tratar es la locura,
sobre todo en el ámbito familiar donde la falta de recursos deja un poco
trastornada la familia. Los principales culpables de este problema son Román y
Juan, dos hermanos con un carácter fuerte y agresivo marcado un poco, por los
acontecimientos ocurridos en el pasado. El fragmento que mas caracteriza este
tema es el siguiente:
Juan se acercó con la cara contraída y se quedaron los dos en la actitud,
al mismo tiempo ridícula y siniestra, de gallos de pelea.
- ¡Pégame, hombre, si te atreves! –dijo Román-. ¡Me gustaría que te atrevieras!
- ¿Pegarte? ¡Matarte!... Te debería haber matado hace mucho tiempo…
Juan estaba fuera de sí, con las venas de la frente hinchadas, pero no avanzaba
un paso. Tenía los puños
cerrados. Román le miraba con tranquilidad y
empezó a sonreírse.
- Aquí tienes mi pistola –le dijo.
- No me provoques. ¡Canalla!... No me provoques o…
¡Juan! –chilló Gloria–. ¡Ven aquí!
El loro empezó a gritar encima de ella, y la vi excitada bajo sus despeinados
cabellos rojos. Nadie le hizo caso. Juan la miró unos segundos.
- ¡Aquí tienes mi pistola!
Decía Román, y el otro apretaba más los puños. Gloria volvía a chillar:
- ¡Juan! ¡Juan!
- ¡Cállate, maldita!
- ¡Ven aquí, chico! ¡Ven!
- ¡Cállate!
La rabia de Juan se desvió en un instante hacia la mujer y la empezó a
insultar. Ella gritaba también y al final lloró.
Román les miraba divertido; luego se volvió hacia mí y dijo para
tranquilizarme:
- No te asustes, pequeña. Esto pasa aquí todos los días.
Este fragmento se sitúa al final del capítulo II,
donde ocurre la primera acción familiar importante para Andrea en casa de su
abuela (pág. 85-86). Ocurrió después de hablar con su tía Angustias sobre sus
planes en la ciudad, sus estudios… Una parte que es bastante impactante para el
lector, no parece impresionar mucho al resto de la familia: “Román les miraba
divertido; luego se volvió hacia mí y dijo para tranquilizarme: - No te
asustes, pequeña. Esto pasa aquí todos los días."
Por tanto solo con este fragmento podemos empezar a
deducir que esta familia no será nada corriente, y que estará marcada por la
agresividad (sobre todo de Juan), el miedo y la desesperación. Juan y Román
discutían muchas veces, pero nunca llegaban más allá, siempre era Gloria, la
mujer de Juan quien recibía. Juan casi siempre le maltrataba físicamente cuando
estaba cabreado con ella, sobre todo cuando Gloria hacía o decía algo que no le
gustaba a su marido. Dentro de este ámbito familiar también estaba Angustias,
una mujer estricta, sobre todo con Andrea, y la abuela, una persona de avanzada
edad que quería e intentaba que hubiera tranquilidad en el hogar. Durante la
estancia de Andrea y la presencia del hijo de Juan y Gloria, al principio
intentaban un poco que hubiera menos discusiones, pero nunca lo llegaron a
cumplir. Este tipo de tramas familiares no afectaban para nada en el
rendimiento social y académico de Andrea, aunque le daba mucho para pensar.
Este tipo de vida que llevaban les desgastaba mucho físicamente y
psicológicamente, de manera que cada vez era más fácil que estuvieran un poco
más trastornados.
Una figura retórica que podemos encontrar en este
fragmento es un polipote en la frase “¡Juan! ¡Juan!”. Utiliza este recurso
destacar más la preocupación de Gloria por Juan. También podemos decir que es
una epanadiplosis y un polipote porque la palabra está al principio y final de
frase, y el nombre de Juan lo repite dos veces. En “¡Juan! –chilló Gloria–.
¡Ven aquí! / - ¡Ven aquí, chico! ¡Ven!”, hay un paralelismo.
Este fragmento es un diálogo directo porque los
personajes hablan directamente. Entre diálogo y diálogo el narrador nos hace
una breve explicación de cómo se encuentran en ese momento los personajes. El
diálogo que hay en este fragmento se caracteriza porque son frases y acciones
breves. Utiliza un lenguaje claro y despectivo porque están en una discusión y
los mensajes que se quieren transmitir son contundentes.
Me detuve a ponerme el abrigo y me asomé por fin a la oscuridad de la casa.
En la cerrada puerta del cuarto de Juan golpeaban la abuela y la criada.
- ¡Juan! ¡Juan” ‘Hijo mío, abre!
- Señorito Juan, ¡abra!, ¡abra usted!
Oíamos dentro tacos, insultos. Carreras y tropezones con los muebles. El niño
comenzó a llorar allí encerrado también y la abuela se desesperó. Alzó las
manos para golpear la puerta y vi sus brazos esqueléticos.
- ¡Juan! ¡Juan! ¡Ese niño!
De pronto se abrió la puerta de una patada de Juan y Gloria salió despedida,
medio desnuda y chillando. Juan la alcanzó y aunque ella trataba de arañarle y
morderle, la cogió debajo del brazo y la arrastró al cuarto de baño...
- ¡Pobrecito mío!
Este fragmento también tiene relación con el tema
anterior porque se desata la locura en Juan, aunque en este caso solo esté
involucrado él y su mujer, y como personas secundarias Andrea, Antonia y la
abuela. Esta parte la podemos encontrar al principio del capítulo XI de la
segunda parte (pág. 165-166). El motivo por el cual Juan se comporta de esa
manera, es porque Gloria le dijo que sus cuadros no valían nada, y Juan perdió
los papeles. La última frase del fragmento se refiere al hijo de Juan y Gloria,
porque al ver esa situación se pone a llorar, y a la larga, le traerá
consecuencias nefastas. Un poco más adelante sale como la abuela intenta que
Juan vuelva en razón, pero al final no hace caso y se pone más nervioso.
http://www.quieroimagenes.com/i/Pelea-Familia-Simpson.jpg
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