Wendy Louis, nunca esta triste, siempre está contenta, dice de ser muy positiva en la vida, le gusta vivirla. No hay quien la pare, es un bicho, pero a todo el mundo le parece agradable.
Vive con sus padres y su único hermano, en un pueblecito pobre de Londres, se dice que es uno de los pueblos más peligrosos del país.
Un día de verano, el hermano de su padre con sus hijos y su mujer fueron a cenar a su casa. Tenían una hija mayor de 16 años, la prima de Wendy Louis con la cual jugaba de pequeña con ella y era su ejemplo a seguir, hacía años que no la veía. Su prima, sentada en la mesa, no saludo, ni hablo en toda la cena. Al acabar, sus tíos y su prima empezaron a discutir por su comportamiento. Después de ver eso, Wendy Louis se dio cuenta de cómo era, “¿era cosa de la adolescencia?” Se preguntó. “Prefiero no crecer nunca”.
Mientras Wendy Louis paseaba un sábado por la tarde por el parque del frente de su casa, escuchó algo, miró a lo lejos y vio un perro aullar cojeando. Wendy Louis cogió el perro y se lo llevo a casa a darle de comer y curarle la herida y seguidamente lo llevo a un veterinario. Desde entonces cuando encuentra animales abandonados, los lleva a un lugar donde tenga un hogar y una familia. Todos deberíamos hacer lo mismo.
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