Esperando en el cerezoDoña Antonia: ¡hija mía! Hace horas que te busco, ¿qué hace debajo de este cerezo toda sola?
Carmen: Hola madre, sólo estaba aquí pensando en mis cosas.
Doña Antonia: ¡En tus cosas, hay señor, hace unos días que no estás más apagada que las tardes de invierno ¿Qué te pasa Carmen hija mía?
Carmen: Nada madre, los días son cada vez más tristes para mí.
Doña Antonia: ¡Por el amor de Dios, cuéntame que te pasa, yo no puedo verte con esta tristeza en los ojos!
Carmen: de acuerdo madre, pero no se lo digas a nadie, hoy, Don Luís, me ha citado en este mismo árbol, y hace horas que le espero, ¡no puedo aguantar más mi corazón va a dejar de latir en cualquier momento, estoy tan triste!
Doña Antonia: hija, Don Luís es muy mayor para ti, ¡a quién se le ocurre, sólo de pensarlo, me pongo a temblar!
Carmen: ya lo sé madre, pero no hay hombre como este ¡Si robar su corazón yo pudiera, sería la mujer más feliz del mundo, nada me haría más feliz que poder verlo todos los días, cada vez que se acerca a mí, mi corazón cada vez late más rápido y el resto del mundo desaparece!
Doña Antonia: ¡Hay hija mía, esto es amor!
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