(Se encuentran en la buhardilla de la casa de Pablo Cortés, éste y su prometida)
Claudia de la Fuente: bien, Pablo, como Olimpia le ha dicho, tengo que comunicarle algo…
Pablo Cortés: ¿Y que será, lo que tiene que comunicarme? ¡Ay! Si usted supiera la noche que he pasado, pensando que importante noticia va a darme…
Claudia de la Fuente: le aviso que no sé cómo se lo tomará…
Pablo Cortés: ¡Dígamelo ya!
Claudia de la Fuente: bien, se lo diré sin pensamientos…
(Se oyen unos ruidos, cómo unos pasos hacia la habitación)
Claudia de la Fuente: ¡estoy embarazada! ¡Ay…que será de mi!
(Entra Antonio Cortés)
Antonio Cortés: ¡Oh! Señorita, no pretendía molestar, pero al oír esto debo intervenir en la conversación.
Pablo Cortés: ¡Válgame el Señor! Y, padre, seria de mi agrado que no se metiera en conversaciones ajenas.
Antonio Cortés: ¡Debo meterme! Como buen católico que soy, debo informar a la santa iglesia de esta buena noticia.
Claudia de la Fuente: ¡Pero no, usted no puede, su hijo y yo no estamos casados y nos perseguirán!
Pablo Cortés: ¡Que digan lo que quieran! Tendré un hijo, y después me casaré; si más no, estamos prometidos…
Antonio Cortés: ¡Pepa, venga para aquí!
(De repente, aparece Pepa, con Fausto de la Fuente y Teresa)
Pepa: siento mucho que tengan que enterarse de esta manera, pero su hija está embarazada, ¡de mi hijo, y no están casados!
Teresa: ¡Oh, hija mía! Pero, ¿cómo se le ocurre dejarse llevar de tal manera a llegar a este punto?
Fausto de la Fuente: ¡huir, huir rápido que si no os cogerán!
(Días después, aparece Olimpia Herrero por la casa)
Olimpia Herrero: discúlpenme, pero tengo que darles una mala noticia…
Claudia de la Fuente: ¡Oh, Dios Santo! ¿Con que nos sorprenderá ahora?
Olimpia Herrero: es el cura. Alguien le dijo de escondidas que usted tendría un hijo de Pablo y que no están casados…
Pablo Cortés: ¡Esto es indignante, no entiendo como la gente habla así!
Olimpia Herrero: el caso es, que quieren su cabeza señor Pablo.
Claudia de la Fuente: ¿¡Que quieren qué!?
Olimpia Herrero: su cabeza señora Claudia, ¡le han condenado a muerte!
Pablo Cortés: Señor, ¿por qué nos hace esto? No le deseamos ningún mal…
(Aparece el cura)
Cura: ¡ahí está, deténganlo!
Claudia de la Fuente: ¡no, no lo lograran! ¡Antes tendrán que detenerme a mí! ¡Escapa, mi amor, no te preocupes por mí, escapa!
(Pablo de la Fuente salta por la ventana)
Cura: no conseguirá escapar de esta, ¡se las verá con el Señor!
(Claudia de la Fuente se va hacia su casa, coge un papel y empieza a escribir una carta, una para su prometido y otra para su familia, en la que explica que se irá a Inglaterra en barco para dar a luz a su hijo Pedro, y que allí se encontrará con su prometido)
Claudia de la Fuente: señor, dame fuerzas y esperanza para que todo esto salga bien y pueda disfrutar de la familia que se me merece.
(5 días después, Claudia de la Fuente se embarca camino hacia Inglaterra. Meses después Claudia recibe una extraña e inesperada visita de Olimpia)
Claudia de la Fuente: ay, Olimpia Olimpia… ¿Qué noticia me traes hoy? La última vez que la vi, empezó a desmontarse mi vida, espero que, esta vez no suceda así…
Olimpia Herrero: su futuro marido, ha muerto.
Claudia de la Fuente: ¡No, no, no!
Olimpia Herrero: lo lamento señorita de la Fuente, pero quiero que sepa que murió de camino a Francia, sus ojos brillaban al saber que en días la vería, pero era uno contra mil, y se hicieron con él. Le condenaron a muerte, y así murió.
Claudia de la Fuente: ¡ay, mi alma! Mi alma se va rompiendo a pedacitos a poco a poco, y mi pequeño Pedrito tiene apenas un año y no ha conocido a su padre! No sé qué será de nuestras vidas…
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