Los alumnos de la promoción 2008-2014 expusieron en este espacio sus trabajos. Ahora, terminan el Instituto y siguen su camino. El blog se cierra pero queda como testimonio de su aprendizaje. ¡Feliz camino!
Las Bitácoras de lengua castellana tienen carácter educativo. Significan una ventana abierta de las actividades que se realizan en la asignatura, un modo de aprendizaje de la lengua y la inmersión en las nuevas tecnologías de la información. Por todo esto hemos de procurar UTILIZARLAS DE FORMA CORRECTA Y RESPETUOSA.
Se han de perdonar las faltas ortográficas y otras de expresión. Estamos aprendiendo y, por tanto, podemos equivocarnos. Los profesores van corrigiendo, pero a veces hay tantas publicaciones que no pueden seguir el ritmo de los alumnos.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Teatro Romántico
-PEDRO. Señor, mis disculpas, pero Don Emilio tiene razón.
-MIGUEL DE CASTELLÓN. ¿Te he pedido tu opinión? ¡Retírate!
-PEDRO. Sí mi señor.
Pedro se va de la sala cabizbajo.
-DON EMILIO. Me tienes anonadado, Miguel, ¿desde cuándo te convertiste en tal cosa?
-MIGUEL DE CASTELLÓN. ¡Basta de decir blasfemias! o juro por dios que sin cabeza acabarás.
-DON EMILIO. Parece que vine en vano, me voy, no quiero formar parte de vuestra utopía, me iré sin dejar rastro, jamás volveréis a verme en vida.
-MIGUEL DE CASTELLÓN. Sin vida acabarás si no me dejas en paz de dios.
Don Emilio se retira del gran salón, Miguel de Castellón de espaldas a él, le mira de reojo y con superioridad.
-MIGUEL DE CASTELLÓN. ¡Siervo!
-PEDRO. ¿Si mi señor?
-MIGUEL DE CASTELLÓN. Prepárame un baño caliente, necesito asearme, la guerra nos vuelve sucios a todos. Algunos más que a otros.
Fin de escena, el escenario se cambia por un bosque mediterráneo, donde al fondo se ve un gran castillo noble. Se ve a Don Emilio montado en un majestuoso caballo blanco hablando con su tropa de alrededor diez caballeros montados también a caballo.
-DON EMILIO. Miguel se ha vuelto despreciable, ningún pacto, ni el de dios valdrá para contentarle, dirijámonos a Aragón, duques nos esperan, son tiempos de guerra, y, con esperanza podamos convencerlos.
La patrulla se va cabalgando con Don Emilio en cabeza alzando la espada al cielo.
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