Los alumnos de la promoción 2008-2014 expusieron en este espacio sus trabajos. Ahora, terminan el Instituto y siguen su camino. El blog se cierra pero queda como testimonio de su aprendizaje.
¡Feliz camino!
Las Bitácoras de lengua castellana tienen carácter educativo. Significan una ventana abierta de las actividades que se realizan en la asignatura, un modo de aprendizaje de la lengua y la inmersión en las nuevas tecnologías de la información. Por todo esto hemos de procurar UTILIZARLAS DE FORMA CORRECTA Y RESPETUOSA.
Se han de perdonar las faltas ortográficas y otras de expresión. Estamos aprendiendo y, por tanto, podemos equivocarnos. Los profesores van corrigiendo, pero a veces hay tantas publicaciones que no pueden seguir el ritmo de los alumnos.
Durante los primeros días del año, por mi mente pasaban muchas imágenes: el primer día que vi a César, con su Freelander aparcado, cómo me sorprendí de que un joven cámara entendiese tanto sobre ballet; Carlota, sí, otra vez Carlota, cuando actuaba en ese concurso de Zaragoza y me sorprendió verla bailando la variación del Cisne Negro, exactamente la que tenía que interpretar yo misma; también me pasaban las imágenes de los primeros días poniéndome en forma con el ballet de nuevo con César, como me impresionó su sala de danza, ¡no tenía nada que envidiar con la del estudio de Victoria Espinoza! Los días en La Sylphide, la noche en que Mario Segovia me insinuó que era una alumna privilegiada…
Día y noche me comía la cabeza intentado planear algo con lo que pudiera vengar la muerte de mi amiga Carlota, algo con lo que pudiera vengarme de César, o Julio César Zambrana, ya no quería ni llamarle por el nombre que le conocí; verdaderamente, me daba mucho asco pronunciar su segundo nombre, era un recuerdo más, sí, un recuerdo de cómo he sido utilizada, yo, y por supuesto, mi amiga Carlota.
Pasaban los días, y gracias a la compañía de mi padre y Beatriz, ésas imágenes no estaban veinticuatro horas al día torturándome. Pero vino ya el mes de febrero, y no podía esperar más tiempo, ya había descansado suficiente, había cargado mis pilas de la mejor manera para ponerme en marcha y decidí no hacer ningún plan. Si, una idea quizás un tanto arriesgada, pero preferí actuar pasito a pasito, y mi primer paso fue convencer a Julio César Zambrana de que estaba un tanto decepcionada con él, pero que no le daba más importancia, y que mi vida seguiría con el ballet, pero no en París.
Efectivamente, seguiría con el ballet, era la opción que mejor me iría para aproximarme al causante de la muerte de mi amiga. Así pues, llamé a mi madre, y hablé con su novio, para que me enchufaran en la escuela del Kongelige Ballet de Copenhague. Pasé unos días allí, disfrutando del ambiente y el paisaje, pero a los tres días empecé a actuar: escribí una carta a Julio César.
Julio César Zambrana, gracias por molestarte a pagar mi habitación del hotel con una Visa open, para que estuviera los días que quisiera, pero como ya sabrás, marché a la semana siguiente. Pasé los primeros día del año en casa de mi padre, con él y con Beatriz, una, digamos que, amiga suya, pero días después marche a Copenhague. Estoy dentro del Kongelige Ballet.
Recuerdo que mencionaste, durante los últimos momentos que pasamos juntos, que te gustaría que asistiera a París, para ver tu coreografía, entre otras cosas; siento decepcionarte, pero no iré; aquí estoy demasiado bien.
No me enrollaré mucho más, pero me gustaría acabar, haciéndote saber que me decepcionaste, mucho. Cada vez que te veía, eras el hombre perfecto, tan atractivo… Nuestros bailes en el hotel, fueron tan sensacionales… Cuando empezamos con el ballet, a practicar día a día, pensé que surgiría algo, pero nunca surgió. Debo confesarte de que me gustabas, y no poco; pero el último día que estuvimos juntos, el día que descubrí que te llamabas Julio César Zambrana, y descubrí realmente quién y cómo eras, dejaste de gustarme. Quedé muy impresionada de cómo habías montado todo y de lo bien que te había salido. Tuve el deseo de matarte, por mentirme, pero sólo fue un calentón, ahora, reflexionando bien, no hay mal que por bien no venga, y tu podrás disfrutar de tus coreografías y seguro que volverás con Mario. Así, solo deseo que te vaya bien la vida y quizás, algún día casualmente nos veamos.
Elisa
Una vez enviada la carta, me importaba muy poco si Zambrana me contestaba o no, yo ya empezaba a tramar mis próximos pasos. Podía estar pensando qué hacer todo el día, que no se me ocurría nada, hasta que una lucecita se me encendió y dije: los vídeos.
Llegó el invierno, y la actuación del ballet de la Republique de Paris, con coreografía de Julio, estaba cada vez más cerca. Tres días antes, me instalé en la capital francesa, pero no me dejé ver, no quería que ni Mario ni Julio supieran que finalmente sí había venido. Por ese motivo, el día de la representación, no me disfracé, pero digamos que me vestí de manera que no destacase mucho.
Empezó la actuación.
Llegó la media parte, y, ésta, tan solo es de diez minutos (lo habitual en el ballet), y justo cuando la persona que controla las luces, los escenarios y todas éstas cosas, tenía que decir que la pausa será de diez minutos, dijo:
Messiers, madames, madamoiselles: este año, les rogamos que se queden en sus sitios en el momento de la pausa, ya que les proyectaremos un vídeo.
Todo iba viento en popa, y cuando el vídeo empezó salió Carlota, los vídeos de Carlota, los que vi en mi DVD. Un montaje en que salían las partes más importantes. La gente estaba alucinando, y, la frase: JULIO CÉSAR ZAMBRANA, COREÓGRAFO Y ASESINO, cerraban el video.Justo al acabar, entró la policía y se llevaron a mi viejo amigo César.
Ya no sé qué fue de él, quizá, montó unas buenas coreografías con sus compañeros de celda.
1 comentario:
Bien, pero tu texto hubiera sido más ameno con algún diálogo.
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