Estábamos en un acantilado en la bonita isla de Menorca, toda la familia, porque un viejo pescador nos dijo que en ese lugar era uno de los mejores sitios para ver una puesta de sol, así que cogimos las cámaras y no nos lo pensamos dos veces. Hacia viento pero no frío, llegamos pronto para no perdérnoslo. Era impresionante todo el cielo de un tono rojizo y el sol de un naranja espectacular. Nos quedamos callados y concentrados en la puesta de sol. Aunque era muy pequeña nunca se me olvidara esa puesta de sol, porque al mirarla no podía pensar en otra cosa. Ahora doy gracias a ese viejo pescador por decírnoslo, porque sino lo lo hubiéramos visto.
La foto está hecha por mi padre.
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